La descarbonización de los equipamientos municipales pasa, cada vez más, por replantear cómo calentamos, refrigeramos y ventilamos los edificios públicos. La climatización renovable mediante bombas de calor se presenta como una oportunidad clave para reducir las emisiones, mejorar la eficiencia energética y garantizar unas mejores condiciones de confort térmico en un contexto de emergencia climática y aumento de las temperaturas.

Sin embargo, este cambio no puede entenderse como una simple sustitución de una caldera de combustible fósil por una bomba de calor. La electrificación de los consumos térmicos debe abordarse como un proceso estratégico, progresivo y adaptado a la realidad de cada municipio y de cada edificio.

Actualmente, los municipios se enfrentan a diversos retos en la climatización de sus edificios:

  • Equipos obsoletos: Los sistemas tradicionales de calefacción empiezan a presentar averías recurrentes o, incluso, riesgo de parada inminente. Por ello, es el momento de replantear el sistema de climatización y adaptarlo a las necesidades de los usuarios, a la normativa vigente y a la nueva realidad climática.

  • Emisiones de dióxido de carbono y otras sustancias contaminantes: Las calderas que utilizan combustibles fósiles emiten dióxido de carbono (CO₂) y otras sustancias contaminantes —NOx, PM10, PM2.5, O₃, SOx, CO, C₆H₆ o H₂S— que alejan al municipio de los objetivos de neutralidad climática y empeoran la calidad del aire.

  • Falta de confort térmico y adaptación al cambio climático: El confort térmico indica un estado de satisfacción con el ambiente interior. Esta percepción depende del metabolismo de las personas, la temperatura, la humedad ambiental, la ropa o la actividad física que se desarrolla. La incorporación de equipos de refrigeración en los edificios permite aumentar el confort térmico durante el verano, a diferencia de los sistemas tradicionales basados en combustibles fósiles, que habitualmente solo generan calefacción.

  • Falta de calidad del aire interior: La ventilación en espacios de uso intensivo suele ser insuficiente cuando se realiza de forma manual, abriendo puertas y ventanas. Al replantear el sistema de climatización, también puede revisarse el estado de los emisores interiores y valorar la incorporación de ventilación mecánica con recuperación de calor. De este modo, los edificios son más eficientes desde el punto de vista energético y mejora la calidad del aire para las personas que los utilizan.

Para afrontar esta transición hacia una climatización eficiente y renovable, se plantea la electrificación de los consumos térmicos como un proceso estratégico e iterativo. El recorrido propuesto va desde el inventario inicial de los sistemas térmicos hasta la priorización de edificios, el análisis energético, la definición de la hoja de ruta, la evaluación del contexto urbano, la redacción del proyecto ejecutivo, la financiación, el despliegue y, finalmente, la comprobación de los resultados obtenidos.

El primer paso consiste en conocer bien la situación de partida. Se recomienda inventariar los equipos de generación térmica del municipio y recopilar datos como el consumo, la vida útil, la potencia, el rendimiento, los costes, las emisiones, el uso que se hace de ellos, el sistema de control disponible, los elementos terminales y los condicionantes de implantación. A partir de esta información, ya es posible priorizar el edificio con mayor potencial de impacto según criterios económicos, ambientales, sociales y de urgencia.

Una vez priorizado el edificio, es necesario ir más allá de la sala técnica y comprender el comportamiento global del inmueble. Para ello se plantean distintos niveles de auditoría energética: desde una revisión preliminar para detectar medidas sencillas y de bajo coste, hasta auditorías más completas con modelización energética que permitan comparar escenarios y definir con mayor precisión la mejor solución. El objetivo no es únicamente sustituir equipos, sino decidir qué combinación de rehabilitación, ventilación, emisores y bomba de calor resulta más adecuada en cada caso.

Dentro de esta hoja de ruta, la sustitución directa de una caldera de combustible fósil por una bomba de calor puede ser una vía rápida, pero no siempre es la opción más eficiente, especialmente si se mantienen emisores que obligan a trabajar a altas temperaturas. Por ello, se propone un itinerario diferente: incorporar ventilación mecánica, aprovechar la ventilación para climatizar, combinar los elementos terminales existentes con nuevos equipos o aprovechar una rehabilitación de la envolvente para reducir la demanda y mejorar el rendimiento global de la instalación.

Llegados a este punto, es necesario analizar el contexto urbano en el que se encuentra el edificio. Debe valorarse si conviene apostar por una solución individual, limitada al equipamiento analizado, o por una solución colectiva junto con edificios próximos. También es preciso definir la tipología de bomba de calor más adecuada. Las soluciones geotérmicas e hidrotérmicas pueden ofrecer una mayor eficiencia al trabajar con fuentes térmicas más estables, aunque requieren más espacio e infraestructura, lo que las hace especialmente adecuadas para soluciones colectivas como las redes de distrito. En cambio, en edificios aislados o con poco espacio disponible, la aerotermia individual suele ser la opción más viable.

A partir de aquí, todo debe concretarse en un proyecto ejecutivo que justifique las decisiones adoptadas. Además, se recomienda incorporar un dossier financiero que ayude a los promotores a ejecutar estos proyectos mediante recursos propios, subvenciones, monetización de ahorros o contratos con empresas de servicios energéticos.

Por último, es fundamental ejecutar correctamente el proyecto y verificar los resultados. Para ello, se recomienda una licitación bien definida, una ejecución coordinada, una puesta en marcha rigurosa y un seguimiento posterior mediante indicadores de consumo eléctrico, energía térmica útil, emisiones, gasto, rendimiento estacional, incidencias y confort interior. Solo así puede garantizarse que la descarbonización prevista se traduzca en un mejor servicio, menos emisiones y una explotación energética más eficiente de los equipamientos municipales.

Todos estos criterios, fases y recomendaciones se desarrollan con mayor detalle en la Guía para la electrificación de los consumos térmicos de equipamientos municipales, publicada en 2026 como un nuevo documento de apoyo a los objetivos de descarbonización de los equipamientos públicos. La Guía ha sido elaborada, por encargo de la Xarxa de Ciutats i Pobles Cap a la Sostenibilitat, por el equipo formado por los técnicos del Área de Acción Climática y Transición Energética de la Diputación de Barcelona y SUNO Enginyeria de Serveis Energètics, SCCLP.

Guía para la electrificación de los consumos térmicos de equipamientos municipales

Enlace a la presentación y difusión de la Guía

Toni Cantero y Jesús Teixidor, ingenieros industriales y socios de SUNO Enginyeria de Serveis Energètics.