En esta entrevista, la directora de Transición Energética de Grupo Trébol Energía, Laura Garcia, repasa los principales ámbitos de actividad de la consultora, destacando las actuaciones llevadas a cabo en empresas grandes consumidoras de energía para ayudarlas a descarbonizarse. Garcia también opina sobre la actualidad del sector energético, como el apagón eléctrico del pasado 28 de abril, la puesta en marcha del sistema CAE o el estado del despliegue de las energías renovables en Cataluña.
Trabajáis con más de 400 clientes industriales y grandes consumidores de energía, ayudándoles a ser más eficientes y adaptarse a la transición energética.
La descarbonización es un vector clave para lograr los cambios de modelo energético que nuestra sociedad necesita, y ha sido uno de los principales motores que ha llevado a los estados europeos a legislar para garantizar esta transformación.
En este contexto, la industria juega un papel absolutamente central. No solo por su peso en el consumo energético y las emisiones —representa casi una cuarta parte del consumo final de energía en España—, sino porque su competitividad futura dependerá directamente de su capacidad para alcanzar objetivos de descarbonización. Los estándares europeos son cada vez más exigentes, y estar alineado con estos requisitos, adaptando procesos productivos en términos de eficiencia y emisiones cero, es clave para seguir siendo competitivos en un mercado global.
Las cifras detrás de los objetivos de descarbonización no dejan lugar a la improvisación…
Sí, tanto el PNIEC 2023-2030 como el PROENCAT 2050 establecen claramente que la industria debe reducir sustancialmente su consumo y emisiones: el plan estatal marca una reducción del 13,4 % del consumo final y un 42 % menos de emisiones para 2030, mientras que el plan catalán proyecta una caída del 30 % en el consumo energético industrial en 2050. Estas cifras evidencian que la adaptación del sector industrial no es una opción: es una condición para el cumplimiento de los objetivos climáticos y para su propia sostenibilidad económica.
En Grupo Trébol Energía también os avalan actuaciones con gran impacto en la mejora de la eficiencia energética de grandes consumidores industriales.
Uno de los casos más recientes que hemos liderado es el de un gran consumidor industrial con procesos térmicos continuos 24/7, donde el principal reto era reducir consumos en un entorno de muy alta demanda energética.
Tras una auditoría técnica avanzada, diseñamos e implementamos la instalación de un recuperador de calor adaptado a sus procesos. La medida no solo mejoró la eficiencia energética del sistema, sino que también permitió reutilizar una parte significativa de la energía residual, reduciendo así el consumo de combustible y las emisiones asociadas.
El impacto fue extraordinario: gracias al sistema de Certificados de Ahorro Energético (CAE), la empresa recibió un retorno económico tres veces superior a la inversión inicial. Esto demuestra claramente cómo las actuaciones bien diseñadas no solo contribuyen a la sostenibilidad, sino que generan también un retorno directo y cuantificable para el cliente.
Los Certificados de Ahorro Energético ya se han convertido en una herramienta fundamental para la descarbonización del sector energético. ¿Qué valoración haces del sistema desde su puesta en marcha?
Aunque el sistema de Certificados de Ahorro Energético (CAE), aprobado por el Real Decreto 36/2023, representa un gran avance, su implementación está siendo más lenta de lo que nos hubiera gustado. Es un mercado nuevo, y todos los agentes que participamos estamos en fase de aprendizaje. Los proyectos con medidas estandarizadas son relativamente ágiles de gestionar, pero en actuaciones singulares —muy habituales en entornos industriales— la complejidad técnica y la trazabilidad de los datos dificulta o retrasa su obtención. Aun así, valoramos muy positivamente este nuevo mecanismo: aporta más trazabilidad y retorno económico directo que las antiguas ayudas del FNEE.
En cualquier caso, también habéis logrado llevar a cabo actuaciones significativas en este ámbito hasta ahora.
Sí, tenemos varios proyectos tramitados con CAE que ejemplifican muy bien su potencial, especialmente en entornos industriales con operación 24/7. Los proyectos con mayor impacto económico son aquellos que actúan sobre procesos continuos como compresores, sistemas de recuperación de calor o intercambiadores térmicos. En estos casos, el volumen de energía ahorrada es muy alto, lo que se traduce en una relación inversión-beneficio extraordinariamente positiva.
En concreto, hemos impulsado actuaciones donde la monetización de los ahorros a través de los CAE ha superado ampliamente la inversión inicial, permitiendo a las empresas recuperar costes en muy poco tiempo y consolidar mejoras estructurales en eficiencia energética.
También estáis especializados en ámbitos como los PPAs, la compra de energía y otras estrategias de gestión energética.
En Grupo Trébol Energía asesoramos a una gran parte de nuestros clientes industriales en la contratación de PPAs y otras estrategias de compra de energía, adaptadas a su perfil de riesgo y a sus objetivos de sostenibilidad.
Los contratos PPA son una herramienta clave para garantizar precios estables a medio y largo plazo, y han demostrado ser especialmente útiles para evitar el impacto de la alta volatilidad de los últimos años, marcada por tensiones geopolíticas e incertidumbre reguladora.
En función de la aversión al riesgo de cada cliente, hemos estructurado PPAs de distinta tipología: desde acuerdos con origen 100 % renovable vinculados a proyectos nuevos, hasta contratos de suministro con indexaciones híbridas que combinan energía verde con opciones de cobertura financiera. Esta diversificación de estrategias nos ha permitido maximizar el ahorro, reducir la exposición al mercado y aportar certidumbre presupuestaria, especialmente en sectores intensivos en energía donde la eficiencia económica es clave para la competitividad.
¿Qué ahorro han podido generar de media a través de estos contratos?
Todos nuestros clientes que han adoptado una estrategia planificada en el suministro de energía han obtenido ahorros muy significativos, especialmente en los últimos años marcados por la alta volatilidad de precios.
Un ejemplo muy claro es el de los clientes con contratos PPA formalizados a precios del orden de 40 €/MWh, que han podido mantener esos valores estables en períodos donde el mercado alcanzaba fácilmente los 100-200 €/MWh. Esta diferencia no solo se ha traducido en ahorros económicos muy elevados, sino que en muchos casos ha sido clave para garantizar la viabilidad del negocio, especialmente en sectores industriales intensivos en consumo energético.
Estamos hablando de ahorros acumulados de millones de euros, pero más allá de la cifra, hay que destacar el valor estratégico de haber podido asegurar precios, proteger márgenes y seguir compitiendo en un contexto extraordinariamente complejo.
La eficiencia es clave, pero también lo es disponer de energía competitiva. ¿Crees que la reindustrialización de Cataluña debe ir de la mano de las energías renovables?
Sí, la reindustrialización de Cataluña debe ir acompañada de las energías renovables, pero también del almacenamiento y del aprovechamiento de la flexibilidad de la demanda. No podemos imaginar una nueva industria sin energía limpia, asequible e inteligente. Los PPAs, el autoconsumo y los sistemas de gestión avanzada permiten estabilidad de precios y reducción de emisiones. La descarbonización y la digitalización serán los dos grandes ejes de la nueva industria europea, y Cataluña debe posicionarse liderando este modelo energético integrado, resiliente y competitivo.
¿Qué medidas consideras imprescindibles para acelerar el despliegue de renovables en el territorio?
El despliegue de renovables en el territorio está avanzando a buen ritmo, pero para que este crecimiento sea sostenible y eficiente, es necesario acompañarlo con dos medidas imprescindibles: el almacenamiento y la flexibilidad de la demanda.
Sin estas dos piezas, el sistema no podrá equilibrar correctamente la generación y el consumo, especialmente con fuentes como la solar y la eólica, que son variables. Hay que impulsar sistemas de baterías, gestión inteligente en la industria y mecanismos de respuesta a la demanda. Además, es fundamental agilizar la tramitación administrativa y mejorar la planificación territorial, asegurando que las renovables se integren de manera ordenada, consensuada y con retorno positivo para el territorio.
Para absorber toda esta energía renovable, se necesita una red eléctrica robusta. ¿Está el sistema actual a la altura? ¿Qué cambios serían necesarios?
Para absorber toda la energía renovable que se prevé generar, es fundamental contar con una red eléctrica más moderna, flexible y digitalizada. El modelo de red actual se concibió para una generación centralizada, pero la transición energética nos lleva hacia un sistema distribuido, bidireccional y mucho más dinámico.
Es necesario reforzar la planificación e inversión en red, agilizar las conexiones, incorporar tecnologías de automatización y dotar al sistema de capacidad para gestionar almacenamiento, autoconsumo y flexibilidad de la demanda. En definitiva, una transición renovable eficiente solo será posible con una red abierta, inteligente y preparada para un nuevo escenario energético descentralizado.
Hace unos años se daba por hecho que la red podía absorber la energía renovable prevista. ¿Qué ha fallado para no haberse actualizado lo suficiente, digitalizado y hecho más resiliente?
Lo que ha fallado es que la transformación de la red eléctrica no ha ido al mismo ritmo que el impulso de las energías renovables. El sistema estaba diseñado para una generación centralizada, y adaptarlo a un modelo distribuido y bidireccional requiere planificación, inversiones sostenidas y una actualización tecnológica profunda. También ha habido una falta de agilidad en los procesos administrativos y en la coordinación entre agentes implicados. Todo esto ha provocado un desajuste entre la velocidad con la que se desarrollan proyectos renovables y la capacidad real de la red para absorberlos.
Eso significa que tendremos que acostumbrarnos a las llamadas "restricciones técnicas"...
Las Restricciones Técnicas (RRTT) no son un fenómeno nuevo; son una herramienta de Red Eléctrica (REE) para garantizar el equilibrio entre generación y demanda cuando hay limitaciones en la red. Tradicionalmente, tenían un coste de unos 5 €/MWh, pero recientemente han llegado a superar los 30 €/MWh, como se ha visto tras el apagón del 28 de abril, donde también los SSCC llegaron hasta los 35 €/MWh.
¿Han venido para quedarse?
Probablemente sí, pero no en estos niveles. Es razonable esperar que sigan existiendo como un mecanismo operativo estructural, pero su peso y coste deberían reducirse a medida que se refuerce la red, se implanten sistemas de almacenamiento y se desplieguen estrategias de flexibilidad.
Como experta en consultoría energética, ¿qué es lo que más te llama la atención de todo este escenario?
Del momento actual, lo que más me llama la atención es la velocidad y profundidad del cambio. Vivimos una transformación energética acelerada, que afecta estructuralmente al funcionamiento del mercado. Episodios como el apagón del 28 de abril nos recuerdan que hay que analizar con criterio técnico las causas reales de lo que ocurre en el sistema. Solo con una visión rigurosa y anticipativa podremos orientar bien las inversiones y definir estrategias energéticas sólidas a medio y largo plazo. Estamos en un momento de gran oportunidad, pero también de máxima responsabilidad técnica y estratégica.
Cuando hablamos de transición energética, también hablamos de empoderamiento de la ciudadanía. ¿Crees que el proceso actual está suficientemente democratizado?
Todavía no. Se han hecho avances importantes con el autoconsumo y las comunidades energéticas, pero el proceso sigue siendo demasiado técnico, complejo y poco accesible para la ciudadanía en general.
¿Y cómo lo logramos?
Simplificando la tramitación, fomentando la formación energética y creando incentivos claros para la participación colectiva. También es clave empoderar a la administración local para que pueda liderar proyectos de proximidad con impacto directo en el territorio.
Respecto a lo que comentábamos, ¿qué papel deben tener las comunidades energéticas?
Las comunidades energéticas deben jugar un papel clave en la democratización de la energía, el desarrollo local y la generación distribuida. En Grupo Trébol Energía seguimos muy de cerca esta figura desde la aprobación del Real Decreto-ley 23/2020, y hemos participado en la creación de diversas iniciativas. Ahora bien, hay que ser realistas: hoy todavía no tienen un reglamento propio y operan bajo la normativa de autoconsumo fotovoltaico, lo que limita mucho su despliegue efectivo. Por eso, actualmente tenemos el tema en pausa, a la espera del desarrollo normativo completo que les permita actuar como verdaderos agentes de mercado.
¿Cómo ves el estado de la transición energética en Cataluña de aquí a cinco años?
Dentro de cinco años, Cataluña habrá avanzado claramente en renovables, electrificación y eficiencia, pero el reto será la velocidad con la que se haga. El éxito dependerá de la capacidad para agilizar trámites, desplegar red, fomentar el almacenamiento y coordinar mejor entre administraciones, empresas y territorio. Si se toman decisiones valientes ahora, Cataluña puede liderar una transición energética basada en competitividad, sostenibilidad y soberanía energética.